Ejemplos
Recuerdo haber hallado una vez un aldeano de Castilla, con quien trabé conversación, el cual me dijo:
- Yo, señor cura, tengo un tratado de doctrina cristiana en muy pocas palabras.
- ¿Dónde y cuál?
- En el padrenuestro.
- ¿Cómo es eso?
- Mire usted, señor: yo lo rezo muchas veces despacio, despacio, en la iglesia o en mi casa, y cada vez encuentro en él más luz y más consuelo; yo no sé si lo entiendo bien o mal, pero lo cierto es que para todo hallo consuelo mascando despacio padrenuestros.
Y sería verdad, porque vi que aquel hombre tenía muy buena vida y mucha serenidad de espíritu.
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Un joven pastor había contraído el hábito de orar mientras estaba apacentando su ganado.
Preguntáronle si no le fastidiaba pasar tanto tiempo solo en la campiña, y él contestó: «Para acortar los días y hacerlos agradables, basta un solo padrenuestro, pues hallo en el una fuente siempre nueva de pensamientos consoladores y buenos sentimientos, de manera que a veces necesito una semana para decirlo entero.»
(Vademecum de ejemplos predicables, Mauricio Rufino, Herder, Barcelona, 1962, pág. 790-791)
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