El título de esta crónica está tomado de la promesa de Jesucristo acerca de la Piedra, que es Pedro: “LOS PODERES DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN (NON PRAEVALEBUNT) CONTRA ELLA”. Y el motivo es dar gracias a Dios, aunque sea en breves líneas, por el don precioso y particular que hemos recibido en Chile, pocos días atrás, con la visita del Santo Padre Francisco, del 15 al 18 de enero. 

Siempre es un motivo de alegría sobrenatural estar con el Papa, a quien Santa Catalina de Siena solía llamar “El Dulce Cristo en la Tierra” … ¿Por qué será así? Simplemente porque, lleve el nombre que lleve, es Pedro. Y porque, como afirmó san Ambrosio, “allí donde está Pedro, allí está la Iglesia” .

Y allí se hizo presente este pedacito de Iglesia, que es la Parroquia Nuestra Señora del Huerto, de La Pintana, en Santiago de Chile, la misma en la cual se encuentra el Noviciado ‘Marcelo Morsella’, y en la cual me desempeño hace ya dos años como Vicario Parroquial. 
La agenda del Santo Padre en Chile fue estrecha y cargada de actividades. 

El evento más multitudinario fue la Misa en el Parque O´Higgins, en la ciudad de Santiago.

En esa Misa participaron con devoción alrededor de 450.000 personas. Digo “con devoción” porque fue asombroso el silencio que reinó en el momento de la consagración eucarística.

Hemos podido estar presentes y concelebrar con el Santo Padre los siguientes sacerdotes: el P. José Marcone, que vino desde Argentina, el P. Rodrigo Pizzarro (vicario Parroquial de la Parroquia Jesús el Buen Pastor, también confiada a nuestro instituto en Santiago de Chile), el P. Damián Morales, que venía de Argentina con los grupos de los hogares) y el P. Roque Buezas (quien escribe esta crónica). Nuestro mayor motivo de gozo fue, ciertamente, el de poder consagrar junto con el Papa un mismo Pan… ¿Puede existir acaso un signo de mayor unidad con toda la Iglesia? Creemos que no.

Si bien la Misa comenzó a las 10.30 am, muchos de nuestros parroquianos partieron a las 2 am, para llegar temprano al predio y poder conseguir una buena ubicación. Estaban también presentes entre nosotros los hogares Sagrado Corazón (de Chile), San Juan Bosco y Rosa Giovanetti (de Argentina), junto con algunos matrimonios que cruzaron la Cordillera de Los Andes y se nos unieron. Uno de esos matrimonios vino “en moto” desde Añatuya, ¡por amor a la blanca figura del Papa!

Esa misma tarde, almuerzo festivo de por medio, tuvo lugar el encuentro del Papa con sacerdotes y religiosos en la catedral metropolitana. El discurso que el Papa Francisco brindó fue de una caridad notable. Hizo una exégesis del capítulo 21 del evangelio según san Juan, en que se relata la aparición de Cristo resucitado junto al mar de Tiberíades. El Papa destacó tres momentos de Pedro (y de la comunidad cristiana): Pedro en crisis (por su pecado), Pedro perdonado y Pedro transfigurado. En Pedro debemos vernos nosotros los religiosos. 

Al día siguiente se realizó un Encuentro con jóvenes en Maipú, junto al Santuario Nacional de la Virgen del Carmen. Aquel día, los sacerdotes pudimos experimentar palpablemente los efectos de este tiempo gracia, pues muchos jóvenes aprovecharon a confesarse (como 3 horas seguidas, a plena luz del sol). Es de destacar el hecho de que los mismos organizadores se acercaban a nosotros a pedirnos que nos pongamos a disposición para las confesiones, a la vez que daban a conocer este servicio de caridad por los altoparlantes. 

Y, como afirman nuestras Constituciones, “estar en todo con el Papa quiere decir estar en todo con Dios; amar a Jesucristo y amar al Papa es el mismo amor” … por lo tanto, no podían faltar los festejos. Así que no pusimos límite a nuestra alegría. Los paseos, helados y cantos abundaron por todo Santiago. Pero la familia religiosa se juntó finalmente para festejar en el salón San Pablo de la parroquia Nuestra Señora del Huerto, donde los parroquianos nos agasajaron con una exquisita cena, adornada por el tradicional fogón.

Sabe Cristo, el Verbo que ha venido en carne, el enorme bien que ha significado esta visita para Chile. Para nuestra familia religiosa, ciertamente no fue menor. Es por esto que queremos darle gracias una vez más. Y a su Madre Santísima.

P. Roque Buezas, IVE
Misionero en Chile

Categorías: Chile

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