Viernes, 3 de Julio de 2009
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El Sembrador N° 30 Año 14 (2008)
El Nacimiento
San Alberto Hurtado

Del libro: «Un disparo a la eternidad»


Belén: Pobreza

María, desde que concibió a Jesús, no vive Ella sino Jesús. La santa voluntad de Dios, es el cojín donde reposa su corazón.

San José: imagen de la autoridad humilde y amorosa, del trabajo alegre y diligente... de la resignación perfecta en la voluntad de Dios. Vive entre misterios que desharían la pobre naturaleza humana, pero por la fe, esperanza y caridad reposa en estos mismos misterios. Hágame pobre esclavito indigno sirviéndolos en sus necesidades.

Salió un edicto tiránico, contra el derecho natural, en el caso de María (cf. Lc 2,1). Dos leyes de la vida espiritual: 1) La expiación: los que son de Jesús llevan la señal de la cruz. 2) La providencia: Dios, a veces, obra en forma extraordinaria, como en el caso de Herodes; pero la verdadera ley de la Providencia consiste en que Dios deja obrar las leyes naturales y las cosas humanas como si no se preocupase de sus escogidos... pero, a pesar de todo, llega al fin que se propone, segura y suavísimamente, por medios que los hombres no podrían emplear. Escribe derecho con líneas torcidas. Nuestra seguridad está en que Dios conoce todo, y lo dirige con amor de Padre. Tiene contados los cabellos de nuestra cabeza. Viste los lirios del campo... No cae un pajarito sin permiso Providencial (cf. Mt 6,28; 10,29-31). ¿Qué no hará por nosotros a quienes nos dio su Hijo? (cf. Rom 8,32).

Hay un momento en que las creaturas parecen adueñarse de nosotros. "Esta es vuestra hora y del poder de las tinieblas" (Lc 22,53); pero está también la hora de Dios; así lo dijo a Pilatos: "No tendrías poder si no te hubiese sido dado desde arriba" (Jn 19,11). Nuestra vida escrita en el corazón de Dios, abandonémonos que no fallará. En todos los santos vemos una fe dulcísima y una fortaleza inquebrantable entre contradicciones. Una de las faltas más graves: dudar contra la Providencia divina.

Belén: Pudo realizarse esta entrada prevista en las profecías, de otros modos; pero Dios escogió este modo doloroso. Las creaturas se alzarán en contra mía despóticamente, como dueñas de mi vida, pero si tengo sentido sobrenatural no harán sino trabajar por mi santidad, y por realizar los planes de Dios.

El palacio real fue la cueva de pastores. Rechazo en el hotel por su pobreza. San José alza sus ojos al cielo lleno de dolor por aquella Virgen y por su Hijo a punto de nacer. La Virgen enrojecida, pero en paz profunda.

La noche encima: hay que resolverse, a la cueva de animales. Sencillamente como quien sabe que Dios lo quiere. Donde se acaban las creaturas comienza Dios. Como decía Verdaguer: "Vivo en el hotel de la Providencia". La Piccola casa de la Providencia... Allí quiero vivir yo. Confianza con puntal en las creaturas, no es digna de Dios; se ha de creer ciegamente y esperar contra toda esperanza; Hoy sabréis que viene Dios. Toda tribulación es la vigilia de la venida de Dios (San Clemente Hoffbauer ).

¡Qué libertad e independencia! Cuando se tiene algo, se depende de ello; el no tener nada, es la soberana independencia. Jesús quiere entrar con soberana independencia: le sobraba la casa de Nazareth. A quien Dios quita todo, lo posee todo más seguramente que nadie. Arrodillémonos en la hora en que se inclinan los cielos. Cristo nos ha nacido. ¡Gloria en lo más alto del cielo!

El Niñito es el Verbo hecho carne (cf. Jn 1,14). La Virgen es la más asociada a Él, también en su pobreza e injurias, hasta el fin. Lo pone echadito en el pesebre. Se queda en altísima contemplación. Es mi hora de adoración junto a la Virgen María.

¿Coloquio? ¿Comprendes mi lenguaje? ¿Ves que es un llamamiento que te hago? ¿Delante de mi pesebre no huyen de tu corazón pensamientos de vanidad y comodidades? Señor, yo soy aquel ciego que ve los hombres como si fuesen árboles... así yo: hazme ver más claro.

¡Eterno Señor! (cf. EE 98).

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