Los judíos tenían el mandato de hacer memoria todos los años del origen de la Pascua: el paso del Mar Rojo. Juntamente meditaban las proezas del Señor en favor de Su pueblo: Moisés y Aarón, las plagas, el maná, el agua de la roca, etc.

Algo análogo nos manda la Carta a los Hebreos cuando dice: “Acordaos de aquellos superiores vuestros que os expusieron la palabra de Dios: reflexionando sobre el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo hoy que ayer, y para siempre. No os dejéis extraviar por doctrinas llamativas y extrañas”. (Hb 13, 7-9ª). De lo cual se colige que la falta de memoria es ocasión para dejarse extraviar por doctrinas llamativas y extrañas.

Esta fiesta del Menor, en la Villa de la Quebrada (Villa fundada en el 86’), esta fiesta fue especialmente hermosa y edificante por lo que se dice arriba: hicimos memoria de las personas, de sus límites y de los milagros que obró Dios en cada uno de ellos.

Estimulados por diversas actividades -como dedicar una parte del fogón del almuerzo a contar anécdotas graciosas o ver al final de la cena una serie de videos con recuerdos, testimonios presentes (PP. Lucio Flores, Marcelo Cano y Ricardo Clarey)- abundaron, y siguen abundando, las conversaciones donde los más viejos cuentan a los más chicos cómo se vivía en esos tiempos y qué milagros hizo Dios. Lo mejor es que salió a la luz el que sustancialmente sigue viviéndose así y seguimos palpando las caricias de Dios y nuestras mismas limitaciones y defectos de siempre.

Cumplimos así en este 3 de mayo con esta obligación de recordar, meditar, alegrarnos y confiar… con este tipo de cosas nos libramos de dos tentaciones bien frecuentes:

En primer lugar, la simple desolación proveniente del mundo, la carne y/o el demonio, que nos hace olvidar la obra de Dios y así estar propensos a caer en infidelidad y en faltar a la deuda para con Dios y la Congre.

Pero hay otra tentación peor y bien modernista, que debe recibir el calificativo de Hb 13, doctrina llamativa y extraña: Descartes inventó el maldito principio de que hay que dudar de todo en lo que puede surgir dudas; y que luego hay que tomarlo como falso[1]. Que es como decir: si en una cuestión no todos están de acuerdo en todo, nadie puede estar seguro de nada. Y hoy muchos, empapados de este principio, dicen que hay que negar la bondad del Menor, del Fundador, de la autenticidad del Carisma, puesto que hay algunos que dudan del Menor, del Fundador y de los comienzos; y por lo tanto hay que tomarlos como falsos. Esta profesión de hipócrita falsa humildad ha movido a desánimo a muchos, que, desolados, mudaron sus primeros propósitos. Es -análogamente- como el caso de esos ateos que caen en ese pecado porque ven los males de este mundo y, “en consecuencia”, dudan de que Dios exista. A lo cual responde Santo Tomás que la presencia de algún mal, que de suyo es ausencia de bien, demuestra que existe el bien… No es posible el mal si Dios no existiera y nuestra libertad no le pusiera límites a su Amor.

¿A qué voy con este razonamiento? A que la fiesta del 3 de mayo revivió en nuestras memorias y en nuestros corazones todas las verdades fundacionales. Y reafirmó esto: el que algunos duden de la obra de Dios no demuestra su falsedad, sino que demuestra más bien que son ignorantes y/o se dejan desolar y actúan en desolación. Y no solo no demuestra su falsedad, sino que sí evidencia su autenticidad.

Hagamos fiesta sobre las memorias de nuestros orígenes. Alegrémonos de que Dios haya dado el IVE a la Iglesia y al mundo; que Dios nos haya regalado un Carisma dentro de su Iglesia como regalo para la Iglesia. De estas meditaciones surja la fiesta. Y de esa fiesta surja la fuerza para dar la vida por la misma Iglesia de Cristo. Algo así quise decir en el sermón de la mañana; pero después de tan sustancioso día, lo entendí mejor.

P. Gonzalo Gelonch Villarino


[1] Identificó malamente verdad con certeza y señaló como falsedad aquello de lo que al menos en algo entró la duda. Pensar así llevaría a negar -por ser falso- que Jesús caminaba sobre las aguas, porque en un primer instante los apóstoles dudaron. Y lo mismo la Resurrección… y negar todo de lo que se pudo dudar en algún momento…


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