Jueves, 28 de Agosto de 2008
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Vox Verbi N° 385 Año 14 (2008)
Peregrinación a Tierra Santa I

El Patriarcado Latino de Jerusalén

La ocasión de nuestra peregrinación fue la asunción del nuevo Patriarca de Jerusalén, Mons. Foad Twal. Nos alojamos en el convento del Ecce Homo, sobre la Via Dolorosa, y apenas llegados pudimos celebrar la Santa Misa en el Lithostrotos, en hebreo Gábbata, el Empedrado, de la fortaleza Antonia, donde se conservan grabados en las grandes piedras del piso, juegos de los soldados, que fueran usados probablemente por los soldados durante la noche del Jueves Santo.

En el Misal de Misas Votivas para los santuarios de la Custodia de Tierra Santa encontramos las Misas Votivas del Santuario de la Flagelación y aledaños, que son:

- Presentación del Señor en el Templo;
- Peregrinación de Jesús a los doce años al Templo;
- Conmemoración de la Flagelación del Señor;
- Conmemoración de la Condenación a muerte del Señor;
- Cristo, coronado de espinas;
- Misterios del «Via Crucis» de Nuestro Señor Jesucristo;
- La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo;
- El Misterio de la Santa Cruz;
- Pasión del Señor;
- Jesucristo, Rey del Universo;
- Conmemoración de la Prisión de San Pablo Apóstol, como lo narra la primera lectura optativa (Hechos 21,27-40): el tribuno arrestó a Pablo y dio la orden de que fuese atado. De este modo, con nuestro viaje a Tierra Santa también peregrinamos a lugares paulinos.

El sábado por la tarde concelebramos la Santa Misa en Getsemaní. Mons. Michel Sabah, Patriarca emérito dio gracias por los veinte años de ministerio como Patriarca de Jerusalén. Había muchísimas personas. Mons. es muy querido por todos los cristianos de Tierra Santa pues en los años de ministerio se caracterizó por una vida abnegada y fue siempre muy claro en denunciar las injusticias. En la ceremonia estaban también presentes sacerdotes nuestros misioneros en Egipto y Jordania.

Al final de la Santa Misa el Patriarca entregó el báculo al nuevo Patriarca quien presidió la procesión de salida. En la recepción posterior el padre Buela le agradeció el habernos recibido en Tierra Santa y su pedido de ayuda en una carta pastoral que motivó el ofrecimiento de nuestros misioneros. Gracias a Dios hace ya quince años que colaboramos en el Seminario Patriarcal de Jerusalén y desde hace algunos años tenemos parroquia propia en el Santuario Mariano de Anjara (Jordania) en la cual colaboran también las Servidoras.

El nuevo Patriarca celebró su primera misa en el Santo Sepulcro el día lunes. Pudimos allí también concelebrar, ubicados muy cerca del altar erigido delante de la edícola del Santo Sepulcro.

La Custodia de Tierra Santa

Desde el comienzo de nuestra misión en Tierra Santa tuvimos en claro que nuestra misión debía entenderse como una continuación de una de las grandes obras realizadas por los franciscanos: ¡La Custodia de Tierra Santa! Por cerca de 800 años los franciscanos, tras las huellas de San Francisco, han mantenido la presencia cristiana en los lugares santos en medio de muchas dificultades y con muchos mártires. Nos contó un franciscano del convento San Salvador que cuando Solimán, el Magnífico, ocupó Jerusalén lo primero que hizo fue tapiar una de las dos puertas del Santo Sepulcro, mientras la otra la dejaba cerrada, porque dijo que una era suficiente por los pocos cristianos que quedaban y que con el tiempo no quedaría ninguno en Jerusalén, y la otra medida fue romper las campanas para que en Jerusalén no se escuchara más el sonido que era para los cristianos la voz de Dios. Por más de trescientos años estuvieron los franciscanos en los lugares santos sin ninguna conversión y la primera fue de un ortodoxo que había renegado y luego volvió a la fe cristiana. Ese fue el primer católico nativo; ¡eso sí que es perseverar en el testimonio del Señor!

Por gracia de Dios las campanas del Santo Sepulcro y otras suenan hoy en día en Jerusalén.

Estuvimos en otro santuario que nos es tan conocido, cerca de Ein Karem, el santuario de San Juan del desierto que recuerda el lugar salvaje donde San Juan se había retirado a hacer penitencia y a orar. Allí se conserva una gruta y una fuente natural del agua que llena algunas pequeñas cisternas en la que los cristianos, especialmente de los ritos orientales, realizan baños rituales, semejantes a los de Lourdes. Nos contó el fraile custodio del convento que hace un tiempo habían comenzado a venir grupos de judíos que realizaban también baños semejantes y que la presencia comenzó a ser cada vez más continua. Un día vino un grupo de judíos armados que lo escupieron de arriba a abajo amenazándolo para que se vaya diciendo que ese era un lugar de culto judío. El fraile se mantuvo en su lugar, tomó su celular y dijo que estaba llamando a la policía y logró que se fueran. Después del hecho tuvieron que tener varios días el convento cerrado o lo abrían de manera irregular.

Nuestra colaboración con la custodia se realiza con las clases dadas en el seminario franciscano y con la custodia del Santuario de Séforis, a cinco kilómetros de Nazaret. Allí, en un convento minúsculo nuestros monjes custodian el lugar donde según la tradición fue la casa de San Joaquín y Santa Ana y donde se encuentra los restos de una iglesia cruzada construida sobra una más antigua del tiempo bizantino. Si se consiguen los permisos necesarios se podrá restaurar y techar la iglesia cruzada y restaurar un antiguo establo en modo de hacerlo habitable. Dentro de poco nuestras hermanas comenzarán a ayudar en una escuela de la Custodia en Yafo (Tel Aviv) y custodiarán el santuario de Naín, en Galilea, donde Nuestro Señor resucitó al hijo de la viuda y que es actualmente un pueblo totalmente musulmán.

En Nazaret pudimos celebrar la Santa Misa en un altar lateral de la basílica inferior que conserva la gruta de la Anunciación.

Visitamos luego la ladera de la colina llamada “la Virgen se estremeció”, pues recuerda el temor de la Virgen al ver a su Hijo conducido por los judíos allí con la intención de despeñarlo. Cercano a ese lugar tienen las Clarisas un convento con un pequeño museo dedicado al beato Charles de Foucault que conserva varias reliquias. El beato paso varios años de su vida en Nazaret como jardinero de las Clarisas en el antiguo convento que se encuentra en la parte más baja que hoy pertenece a la congregación de hermanos fundada por él. Allí vivió varios años en una cabaña paupérrima, llevando una vida de oración y penitencia. Donde se encuentra el actual convento de las Clarisas es el lugar donde el beato solía retirarse a rezar.

Allí recordamos que el día de la beatificación de Charles de Foucault el actual obispo de Túnez, Mons. Maroun Laham, pidió a nuestro gobierno general y por intercesión del beato, monjes que fundaran en Túnez. Actualmente dos de nuestros monjes, los padres Jaime Martínez y Luis Miguel Martínez se encuentran en Túnez.

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