¿Qué es la Tercera Orden?

La Tercera Orden Secular u orden laical de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado es “una asociación de fieles laicos, cuyos miembros viviendo en el mundo, desean participar del espíritu de nuestra Familia Religiosa para buscar de modo más seguro y eficaz la propia perfección cristiana en todo el amplio campo de la vocación laical bajo la alta dirección del Instituto del Verbo Encarnado y del Instituto Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará y para realizar la santificación de todos los hombres mediante las obras de apostolado”

Por eso quiere y se compromete a formar con los miembros del Instituto del Verbo Encarnado de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará una única familia, unidos por la misma fe, los mismos fines, la misma misión, el mismo carisma, la misma índole y el mismo espíritu. Es parte esencial y constitutiva de la Familia del Verbo Encarnado, y de la cual la Familia Religiosa del Verbo Encarnado no puede prescindir, en cuanto que es la prolongación del accionar de ambos Institutos en los ámbitos propios de la vida laical.

“En nuestras vidas y acciones debe primar el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios, de tal manera vividos que no debemos anteponer nada a su amor.”

Directorio Tercera Orden, 16

Fin Universal

La Tercera Orden Secular del Verbo Encarnado persigue el mismo fin de la Familia Religiosa, que a saber, es doble; por un lado busca la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas, tratando de santificar a sus miembros y santificar desde la propia condición laical el mundo entero

Fin Particular

Por otro lado, como terciarios de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, la Tercera Orden secular compromete todas sus fuerzas para inculturar el Evangelio, es decir para prolongar la Encarnación en todo hombre, en todo el hombre y en todas las manifestaciones del hombre, de modo particular mostrando que la Iglesia “tiene una auténtica dimensión secular, inherente a su íntima naturaleza y a su misión, que hunde su raíz en el misterio del Verbo Encarnado y se realiza de formas diversas en todos sus miembros”. Para esto busca ordenar los asuntos temporales según Dios, instaurando todas las cosas en Jesucristo, haciendo manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente mediante el testimonio de la vida, la irradiación de la fe, la esperanza y la caridad, iluminando las realidades temporales con las que está estrechamente vinculada, de modo tal que sin cesar se realice y progrese conforme a Cristo y sea para la gloria del Creador y del Redentor.

Devoción a María

Junto a Cristo, los laicos del Verbo Encarnado desean mostrar al mundo a su santa Madre la Virgen María, junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre (Jn 19,25), sabiendo que su presencia es imprescindible para prolongar la Encarnación en todo lo creado. Por eso deben procurar profundizar en su vida, seguir sus enseñanzas y prolongar su misión realizando todas las acciones por María, con María, en María y para María, siguiendo las enseñanzas de San Luis María Grignion de Montfort expresadas sobre todo en el Tratado de la Verdadera Devoción. Desde ya esta asociación coloca en manos de su Madre del cielo todas sus empresas, sabiendo que del sí de la Virgen ha dependido toda la obra de la Encarnación.

Fidelidad al Espíritu Santo

Sólo en la más absoluta fidelidad al Espíritu Santo conseguiremos nuestros fines. Siendo conscientes que nuestro pobre aliento únicamente es fecundo e irresistible si está en comunicación con el viento de Pentecostés.

Para alcanzar esta disposición de suma, total e irrestricta docilidad al Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo, la Tercera Orden Secular de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado necesita que la Santísima Virgen sea el modelo, la guía, la forma de todos sus actos, por todo lo cual, con todas las fuerzas del alma, y del corazón, hoy y siempre, decimos ¡Totus tuus, María!

Los miembros de la Tercer Orden

Los laicos de la Tercera Orden del Instituto del Verbo Encarnado forman con nosotros una única familia, unidos por la misma fe, los mismos fines, la misma misión, el mismo carisma, la misma índole y el mismo espíritu.

Hay tres diferentes niveles de compromiso:

Primer nivel: Aquellos fieles laicos que se obligan libremente por medio de votos privados o por algún otro vínculo sagrado.

Segundo nivel: Constituido por distintos Movimientos Laicales, cada uno de estos con su propia organización, para que los laicos que quieran puedan asociarse para el apostolado y la misión.

Tercer nivel: Constituido en forma amplísima, por todos aquellos fieles cristianos laicos o sacerdotes de todo el mundo que siendo amigos, simpatizantes, bienhechores, familiares, etc., quieren compartir con nosotros el espíritu de nuestra familia religiosa, formando así parte de la Hermandad del Verbo Encarnado.

¿Cuales son los deberes de los miembros?

Podemos resumir en cuatro aspectos los deberes y derechos que el Código de Derecho Canónico impone a los laicos:

El anuncio de la Salvación

Los terciarios “tienen la obligación general, y gozan del derecho, tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo, obligación que les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo” Ninguno de los miembros de esta Tercera Orden puede prescindir del sagrado deber del apostolado.

Testimonio de vida

También los laicos deben impregnar y perfeccionar el orden temporal con el espíritu evangélico, y dar así testimonio de Cristo, gestionando las cosas temporales. Es esta una obligación fundamental, es el apostolado entendido en un sentido más determinado, es decir, del testimonio de vida que tiene que dar todo laico en virtud del mandato id y enseñad (Mt 28,19).

Vida conyugal

Quienes según su propia vocación viven en el estado conyugal, por medio de la vocación matrimonial, sacramento propio de los laicos, están obligados a usar de este medio para trabajar en la edificación del pueblo de Dios. Y por haber transmitido la vida deben ser responsables educadores y por tanto, educar cristianamente a sus hijos según la doctrina enseñada por la Iglesia.

Formación

Además para poder vivir según la doctrina cristiana, proclamarla, defenderla cuando sea necesario, tienen el deber y el derecho de formarse cristianamente, adquiriendo un profundo conocimiento de la doctrina católica, sobre todo de la Doctrina Social de la Iglesia.

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