VOCACIONES
¿Cómo llama Dios?
El llamado de Dios ordinariamente es interior. Es Dios quien desde dentro inspira a las almas el deseo de abrazar un estado tan alto y excelso como es el de la vida consagrada.
El modo ordinario como Dios suscita las vocaciones es interior, por las divinas insinuaciones del Espíritu Santo al alma. Modo que precede a toda palabra externa ya que “el Creador no abre su boca para enseñar al hombre sin haberle hablado antes por la unción del Espíritu”. Por tanto el llamado interior es auténtico llamado de Dios y debe ser obedecido al instante, como si lo oyéramos de la voz del Señor.
Es característico del llamado divino, impulsar a los hombres a cosas más altas. Por eso nunca el deseo de vida religiosa, al ser tan excelso y elevado, puede provenir del demonio o de la carne; “muy ajena cosa a los sentidos de la carne es esta escuela en la que el Padre es escuchado y enseña el camino para llegar al Hijo. Y eso no lo obra por los oídos de la carne, sino por los del corazón”.
Tal llamado de Dios es el fundamento mismo sobre el que se apoya todo el edificio pues como decía Pío XII “la vocación religiosa y sacerdotal, que brilla con excelencia tan sublime y se halla repleta de tantas distinciones naturales y sobrenaturales (…), no puede tener otro origen sino el Padre de las luces, de quien viene todo don excelente y toda gracia perfecta (Cf. St 1, 17)”.