¡La Pascua es la invitación a vivir en la esperanza de Cristo resucitado! Siguiendo el mandato de Aquel que venció el pecado y nos trajo la vida, celebramos las Pascuetas, pues litúrgicamente la octava siguiente al Domingo de Pascua de Resurrección se celebra como solemnidad.
Nuestra Casa de Formación vivió esta octava con sana alegría, esa alegría que es “fruto del Espíritu Santo y efecto de la caridad” (1) y que nace de considerar que “Dios es alegría infinita” (2).
Para la ocasión, cada una de las casas del Seminario organizó su participación en la Santa Misa con los oficios litúrgicos, mejoró la comida y preparó la presentación de un divague.
Al concluir la octava de Pascua, en el último día, celebramos junto con toda la familia religiosa el tradicional “Resumen de Pascuetas”, donde se presentaron todos los divagues de la semana preparados por las distintas casas del seminario, como también una obra preparada por los seminaristas menores.


Para cerrar la jornada, se realizó asimismo la oración y la bendición de la imagen de la patrona de China, Nuestra Señora de Sheshan, pidiendo por las misiones de la Iglesia en los países orientales.

Encomendemos nuestras vidas a la Madre de Cristo Resucitado, junto con todas nuestras intenciones y esperanzas. Pidámosle la gracia de mantener siempre viva la alegría pascual, que nos recuerda que el amor ha triunfado y que la misericordia ha sido victoriosa.
¡Felices Pascuas para todos!
(1) Constituciones, 95
(2) Directorio de Espiritualidad, 210; op. cit. Santa Teresa de los Andes, Cartas, 101.